SINOPSIS
"Chloe Madison tiene 3 normas: uno. Jamás beses a un usuario dos. Jamás te enamores de un usuario tres. Jamás te acuestes con un usuario Siempre que el millonario alfa, Jake Sutherland, prosiga estas reglas, todo va a ir bien. Tras todo, su padre está enfermo, debe abonar las facturas del centro de salud y el dinero debe venir de algún lugar. Le promete a su padre que va a dejar el trabajo, mas tras el último encuentro le hacen una propuesta que podría arreglarle varios inconvenientes. ¿Cederá y va a dejar aparcados sus sueños y metas o bien se sostendrá leal a sus estrictas reglas? Esta novela romantica-erótica contiene escenas de sexo y es idónea para lectores de J.S. Scott, Leona Lee y Kimberly J & Michelle L. Solo para adultos.."
SINOPSIS
Siempre y cuando el arrebatador multimillonario Jake Sutherland siga estas reglas, todo irá bien. Después de todo, su padre está enfermo, ella tiene que pagar las facturas del hospital y el dinero tiene que venir de algún sitio.
Le promete a su padre que dejará el trabajo, pero después del último encuentro le hacen una propuesta que podría arreglarle unos cuantos problemas. ¿Cederá y dejará aparcados sus propios sueños y metas o se mantendrá fiel a sus estrictas reglas?
Le promete a su padre que dejará el trabajo, pero después del último encuentro le hacen una propuesta que podría arreglarle unos cuantos problemas. ¿Cederá y dejará aparcados sus propios sueños y metas o se mantendrá fiel a sus estrictas reglas?
SINOPSIS
—Dane —comencé, lanzándole una mirada de advertencia—. ¿No es hora ya de perdonar y olvidar?
Levantó las manos.
—¿Por qué me lo dices a mí? Es él el que pierde los estribos.
Una ola de calor me inundó el cuerpo e hizo que empezara a sudar. «No juguemos a echar la culpa». Puse los pies firmes en el suelo y estiré la espalda.
—No, sois los dos. Hacen falta dos para pelear. Te comportas de modo frío e inocente, pero yo veo lo que hay detrás. Le provocas y te pedí que no lo hicieras.
Inclinó la cabeza hacia un lado y fijó la mirada en una baldosa del suelo.
—No voy a disculparme si él no se disculpa primero.
Sentí una sacudida de frustración por el cuerpo.
—¿Cuánto tiempo va a seguir todo eso? Tenéis que dejar de discutir y ocuparos de vuestros asuntos. Ya no sois niños.
Cerró los ojos y volvió a abrirlos.
—Hay algo que vas a aprender de los hombres de esta familia: somos jodidamente cabezotas. Es lo que nos hace tener tanto éxito. Ninguno de nosotros se echa para atrás, así que, por favor, no acalles lo que estoy diciendo pidiéndome que sea una persona mejor. Somos así.
Levantó las manos.
—¿Por qué me lo dices a mí? Es él el que pierde los estribos.
Una ola de calor me inundó el cuerpo e hizo que empezara a sudar. «No juguemos a echar la culpa». Puse los pies firmes en el suelo y estiré la espalda.
—No, sois los dos. Hacen falta dos para pelear. Te comportas de modo frío e inocente, pero yo veo lo que hay detrás. Le provocas y te pedí que no lo hicieras.
Inclinó la cabeza hacia un lado y fijó la mirada en una baldosa del suelo.
—No voy a disculparme si él no se disculpa primero.
Sentí una sacudida de frustración por el cuerpo.
—¿Cuánto tiempo va a seguir todo eso? Tenéis que dejar de discutir y ocuparos de vuestros asuntos. Ya no sois niños.
Cerró los ojos y volvió a abrirlos.
—Hay algo que vas a aprender de los hombres de esta familia: somos jodidamente cabezotas. Es lo que nos hace tener tanto éxito. Ninguno de nosotros se echa para atrás, así que, por favor, no acalles lo que estoy diciendo pidiéndome que sea una persona mejor. Somos así.
10. CÓMO NIEGA- 11. CÓMO LA RETIENE- 12. CÓMO GANA
SINOPSIS
Al día siguiente me desperté a las 4:58 de la mañana y no tenía ni idea de qué me alertó, pero parpadeé para despejarme y apreté la mano en el espacio que había a mi lado.
Se había ido.
Una repentina frialdad me inundó. Me incorporé en la cama y respiré varias veces, pero mis pulmones no recuperaban el aire. ¿Habían sido mis palabras demasiado duras? ¿Lo había ahuyentado?
Me acerqué al borde rápidamente, me levanté de un salto y me dirigí al baño. Asomé la cabeza por la puerta, pero tampoco estaba allí. El corazón me latía contra el esternón mientras caminaba por el pasillo. No estaba en la cocina y tampoco en el salón.
Un silencio sepulcral inundaba todo el ático.
Mi cuerpo se estremeció y mi mente sólo farfullaba pensamientos confusos. ¿Dónde podría estar? Me dirigí de vuelta a nuestra habitación, cogí el teléfono y marqué su número aprisa, pero no lo cogió. Me mordí una uña hasta que se rompió y arranqué el resto. ¿Y si estaba herido en algún sitio, sangrando y pidiendo ayuda a gritos pero nadie le ayudaba porque nadie lo sabía?
—Basta, Chloe —susurré regañándome a mí misma. Me quedé observando la pared con la mirada perdida.
¿Habíamos vuelto a los días sin hablarnos?
Se había ido.
Una repentina frialdad me inundó. Me incorporé en la cama y respiré varias veces, pero mis pulmones no recuperaban el aire. ¿Habían sido mis palabras demasiado duras? ¿Lo había ahuyentado?
Me acerqué al borde rápidamente, me levanté de un salto y me dirigí al baño. Asomé la cabeza por la puerta, pero tampoco estaba allí. El corazón me latía contra el esternón mientras caminaba por el pasillo. No estaba en la cocina y tampoco en el salón.
Un silencio sepulcral inundaba todo el ático.
Mi cuerpo se estremeció y mi mente sólo farfullaba pensamientos confusos. ¿Dónde podría estar? Me dirigí de vuelta a nuestra habitación, cogí el teléfono y marqué su número aprisa, pero no lo cogió. Me mordí una uña hasta que se rompió y arranqué el resto. ¿Y si estaba herido en algún sitio, sangrando y pidiendo ayuda a gritos pero nadie le ayudaba porque nadie lo sabía?
—Basta, Chloe —susurré regañándome a mí misma. Me quedé observando la pared con la mirada perdida.
¿Habíamos vuelto a los días sin hablarnos?




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